Diseñamos lunas de miel que se sienten como una historia.
Y la vuestra merece empezar con calma, belleza y verdad.
Kakuni no nació como una agencia.
Cada país no es un destino para nosotros: es un capítulo de nuestra vida.
Y, quizá, el próximo capítulo sea el vuestro.
Nuestra historia no sigue un mapa.
Todo comenzó en 2017, en una noche cálida de Bali.
Canggu. Una fiesta en la playa. Música, risas, arena… y un cruce de miradas que, aunque fugaz, parecía tener destino.
Iván venía de vivir un año en Filipinas. Bali era su última parada antes de regresar a España. Hoola, que estaba de vacaciones, al día siguiente volaba precisamente a Filipinas.
Solo compartieron unas horas. Una conversación sin filtros, una risa compartida, el tipo de conexión que no hace ruido, pero deja huella.
Apenas se conocían. Pero a veces, lo que no tiene lógica, tiene sentido.
Hoola, nacida y criada en Maldivas, trabajaba en uno de los resorts más exclusivos del país.
Le quedaban 40 días libres. Y decidió compartirlos con Iván en Sri Lanka.
Recorrieron selvas, templos, playas infinitas… y después regresaron a donde todo había empezado: Bali.
Allí, entre desayunos sin prisa y cenas frente al mar, surgió una conversación que lo cambiaría todo:
Hoola no lo dudó: “Una agencia de viajes. Porque servir a los demás es lo único que conozco.”
Sabía escuchar, cuidar, acompañar. Y eso, sin saberlo, ya era el alma de Kakuni.
Así nació Kakuni.
No como un negocio. Sino como un gesto de amor, de confianza y de futuro compartido.
Lo que siguió fueron reencuentros en lugares que también se volvieron parte de nuestra historia. Durante años vivimos en lugares distintos. Hasta que, en 2022, por fin dejamos de vivir a contratiempo.
Hoola dejó su trabajo como butler en Maldivas y se mudó a España. Empezamos a construir una vida juntos, y con ella, nuestra agencia.
En 2024, volvimos a hacer las maletas para un año viajando por Asia.
Porque Kakuni no es una agencia de viajes. Es una historia.
Y, quizá, también el comienzo de la tuya. Nos encantaría ayudarte a escribirla, con el mismo cuidado con el que escribimos la nuestra.
Hoola & Iván
Siendo maldiva y con más de una década de experiencia en la industria hotelera de lujo, siempre soñé con hacer algo relacionado con los viajes y el turismo en mi hermoso país.
Tuve la suerte de trabajar con algunas de las marcas más reconocidas del mundo —como Hilton, Minor International, One&Only, Six Senses y Jumeirah— como mayordoma y conserje personal en Maldivas.
Durante esos años, descubrí el verdadero arte de servir: anticipar necesidades, cuidar los más mínimos detalles, crear momentos difíciles de describir… pero imposibles de olvidar.
Recibí el reconocimiento de muchos huéspedes, pero lo que realmente me marcó fue ver cómo una experiencia puede convertirse en un recuerdo eterno.
Desde entonces, ese se convirtió en mi propósito: crear algo que se sienta. Que permanezca. Que no necesite palabras.
Mi infancia fue una historia aparte. Pasaba los días en la playa como un kakuni —un pequeño cangrejo— junto a mis hermanos.
Después del desayuno que preparaba mi madre, Mashuni & Roshi, salíamos corriendo descalzos por la arena blanca, trepábamos a las palmeras, saltábamos desde los bohkuraas (barcos tradicionales de madera), surfeábamos sobre tablas improvisadas y observábamos a mis hermanos sumergirse hasta desaparecer bajo el azul.
Esos recuerdos no se borran.
Y son ellos los que, años después, me inspiraron a abrir mi propia agencia de viajes.
Quería que otras personas —de otros mundos— pudieran sentir aunque sea un instante de esa magia.
Esa libertad.
Esa nostalgia pura que no se compra ni se planea, pero que te acompaña toda la vida.
Esta es mi historia.
Y es también el alma de Kakuni.
Aunque me gradué como ingeniero industrial, pronto me di cuenta de que no quería una vida en oficinas.
Renuncié a mi trabajo en consultoría y dejé atrás la ciudad y sus rutinas.
No estaba persiguiendo el dinero.
Estaba buscando algo que no sabía poner en palabras: espacios abiertos, calma, comunidad… pertenencia.
Gente que viviera diferente. Que valorara otras cosas. Que sintiera como yo.
Siempre he soñado en grande. Me gusta tomar riesgos. Explorar caminos por mi cuenta. Y esa búsqueda me llevó al otro lado del mundo —al corazón de Asia.
Viví en Filipinas durante un tiempo.
Y allí me di cuenta de algo que cambió mi forma de ver la vida:
“¿Cómo pueden los locales vivir con tan poco y, sin embargo, tener tanta gratitud hacia la vida?”
Desde entonces, intento recordarme —y recordarle a quienes me rodean— que la felicidad no está en lo que se tiene, sino en cómo se vive.
Mi amor por el océano me llevó a Indonesia, donde, en uno de mis viajes de surf, conocí a Hoola. Desde el primer día, supimos que compartíamos algo esencial: el deseo de quedarnos en Asia, de construir una vida distinta, sin mapas tradicionales.
Ese camino me llevó a Maldivas, Sri Lanka, y a enamorarme profundamente del mar.
Durante un tiempo, incluso me formé como instructor de buceo.
Para mí, el paraíso es una inmersión en apnea al amanecer, una ola al atardecer y una noche estrellada en la azotea de un barco.
Eso es libertad.
Eso es vida.
Y es desde ese lugar —esa conexión profunda con la naturaleza, el océano y las personas— que decidí formar parte de Kakuni Travels.
Porque no quería simplemente crear viajes.
Quería crear experiencias que devolvieran algo al mundo.
A la comunidad.
A la Madre Naturaleza.
Esta es mi historia.
Y también es parte del alma de Kakuni.
